6/7/09

Despedida y cierre.

No conozco, de momento, en este alborotado mundo, ninguna historia que no halla llegado a su fin, ni ninguna cuyo fin no esté por llegar. Las historias más largas (y tediosas) tienen su fin bien definido, aunque algunos no lo sepamos ver.

Esto no podía ser menos y desde la primera entrada ya se preveía un final con tan poco lustre como este. Cierro el blog con promesas incumplidas (sí R sí, ese artículo de boxeo te lo deberé siempre) como todo buen (mal) gobierno que, irremediablemente, también llegará a su final. Los Soprano se me han escurrido entre las teclas y nunca los he podido rescatar, igual que ese artículo de películas de la segunda guerra mundial, esas canciones que nunca he puesto en la portada, esas historias increibles por contar, esas guerras olvidadas, esos dibujos de la infancia, esos iconos culturales que admirar, esas ciudades que he visitado, esas reflexiones sin inicio ni final, esa verborrea barata y de capa caída, esos libros que ya se han puesto amarillos, esas películas que tanto me gustaría descubrir, esas fotos que nunca he sacado pero que tantas veces las he enfocado, ese bar oscuro y lleno de humo, esas historias inventadas por la realidad y, sobre todo, esas palabras que ya (afortunadamente o no) nunca verán la luz.

Dejo estas líneas conectadas con todas las otras, con el mismo tono y la misma voz, para que como recuerdo de lo que pudo ser y no fue, no deje de serlo en otro momento y en otro lugar.

¡Hasta luego!